Según el Antiguo Testamento, las ciudades de Sodoma y Gomorra fueron destruidas por Dios como castigo por su querencia al pecado y las perversiones. Ahora, un grupo de científicos de la Universidad de Bristol ha afirmado que, en realidad, estas dos ciudades fueron diezmadas por un meteorito que, según sus cálculos, cayó en esta región de Oriente Próximo 3.100 años antes del presunto nacimiento de Jesucristo. Los especialistas han obtenido esta conclusión estudiando parte de una tablilla de arcilla
(en la fotografía) que actualmente se exhibe en una de las salas del Museo Británico. El objeto, rescatado en el siglo XIX de las ruinas del palacio de Nínive por el arqueólogo victoriano Henry Layard, está fechado en el año 700 antes de Cristo e incluye un texto escrito en caracteres cuneiformes. Hasta el momento nadie lo había podido descifrar, pero ahora, los científicos Alan Bond, director de una compañía espacial, y Mark Hempsell, profesor de aeronáutica de la Universidad de Bristol, han conseguido entender que la tabilla en cuestión es la reproducción asiria del texto de un astrónomo sumerio escrito del cuarto milenio antes de Cristo. En este texto se explicaría que “algo con fuego” cayó del cielo creando gran dolor, destrucción y muerte.
Obviamente, esto no demuestra la destrucción de Sodoma y Gomorra por un meteorito, pero sí parece confirmar que las numerosas leyendas apocalípticas que múltiples culturas y religiones incluyen en sus tradiciones y que se sitúan por aquella época bien pudieran estar sustentadas sobre un hecho, extraordinario, pero absolutamente natural. También resulta relevante el hecho de que si el Antiguo Testamento, tal y como demuestran los estudios más actuales, fue escrito unos setecientos años antes del nacimiento de Jesucristo, la narración oral de aquella catástrofe sin parangón se mantuvo en el tiempo con una fuerza inusitada de casi 2.000 años, los que van desde la presunto fecha del gran desastre (- 3.000) hasta el posible comienzo del relato bíblico en -700.